Que se vayan todos

  1. Cuando existe una modificación en las políticas de dominación de un país que implique una cierta novedad real respecto a lo que estaba sucediendo, existen dos explicaciones para desentrañar sus causas: a) o se trata de una alternancia, más o menos orgánica, que implica una renovación en los métodos de gestionar para hacer frente a nuevas circunstancias o reordenamientos de intereses en el interior del sistema económico-político establecido; b) o es una reacción que busca neutralizar cimbronazos populares más o menos intensos que ponen en la superficie la posibilidad de rupturas profundas respecto a las políticas establecidas.
  2. Hay dos maneras de encarar los efectos de esos cimbronazos: una, es ignorarla y destruirla (usando la violencia y métodos dictatoriales); la otra es reconocerla para diluirla e integrarla en el aparato de Estado (aplicando medidas reparativas, la negociación, y los métodos democráticos de constituir consensos). La mayoría de los gobiernos señalados como “progresistas” de América Latina (A.L) y en particular el de nuestro país, responden a esta segunda forma, por eso los llamo reactivos. Esta es una caracterización objetiva, se trata de un dispositivo político interno a toda política que se pronuncia por administrar lo mejor que se pueda un orden existente y que renuncia expresamente a toda idea política de emancipación aquí y ahora. Es una lógica que opera más allá de las voluntades subjetivas de las personas que arrastra y envuelve.
  3. Pienso que los procesos de lucha que culminan en el levantamiento del 19/20 de diciembre del 2001 son acontecimientos portadores de pensamientos, experiencias, organizaciones, etc. que ponen en movimiento —después de más de 30 años de penurias producto del agotamiento de las políticas revolucionarias del pasado siglo— la posibilidad de reinventar nuevas políticas emancipativas.
  4. A todos los que compartimos la idea emancipativa, aquí y ahora, nos cabe la responsabilidad de luchar por su realidad efectiva. Cada quien edificará en el lugar en que encuadra su resistencia, sus luchas y sus ideas, una trinchera provisoria. Sin embargo, creo que tenemos algo en común, algo que permite balbucear un incipiente “nosotros”, y es el convencimiento, o la apuesta, de que nuestro 19/20 de diciembre del 2001, es un punto de ruptura hacia algo nuevo. Depende de nosotros que este acontecimiento no se apague en las redes de aquello que de hecho cuestionó con máxima intensidad. Debemos empeñar todos nuestros esfuerzos para parir esa nueva criatura. No abandonar la fidelidad a ese estallido que se resiste a ser integrado en el marco de la política hoy vigente.
  5. En esta “división del trabajo” quiero presentar mi trinchera que consiste en poner en circulación una serie de reflexiones respecto a la lógica de la dominación en tiempos de democracia representativa y ausencia de propuestas políticas emancipativas efectivas.
  6. No tengo dudas que esa lógica de dominación presenta características invariantes (más o menos estables) en la inmensa mayoría de los países sometidos al orden mundial capitalista y al dominio casi exclusivo de la forma política de la democracia. Pero me voy a centrar en lo países de A.L que cuentan con gobiernos llamados progresistas, fruto de convulsiones más o menos profundas que esos países sufrieron desde 1989 en adelante como consecuencia se sus luchas de resistencia a la dominación neoliberal.
  7. Las características invariantes son: a) Se trata de gobiernos reactivos que, al margen de su mayor o menor claridad subjetiva al respecto, objetivamente diluyen, integran y apagan las nuevas posibilidades políticas que esas luchas fueron capaces de experimentar. b) La distribución de las fuerzas políticas asume la siguiente característica: 1) un gobierno “progresista” en el poder; 2) una derecha reaccionaria (oligarquías clásicas) dispuesta a no conceder nada y defender todos sus privilegios; 3) los resabios de una izquierda que permanece enquistada en las experiencias del siglo pasado; 4) una zona gris, desgastada e inoperante, que son los restos de las luchas pasadas, luchas que no se las puede reducir al formato clásico de la vieja izquierda, pero que cuenta con una ventaja: puede abrir, aunque sea de manera precaria aún, un nuevo lugar para instalar preguntas, ideas, formas organizativas novedosas, etc., y también sostener, entre otras, esta propuesta que se está leyendo.
  8. Una primera observación de esta distribución de fuerzas es que la cuarta característica ocupa el lugar de una ausencia, la ausencia de lo que hay que traer a este mundo, políticas que repongan la idea de la emancipación. Esta ausencia es la clave del funcionamiento de este cuadro. Sin embargo, esa ausencia es realmente tal para el pensamiento de derecha que machaca victoriosamente sobre el desierto campo emancipativo. Para nosotros ese vacío es el producto de un exceso real y efectivo sobre el mapa de las políticas de dominación. Es el lugar de una apuesta y de una larga construcción que hacemos ya, ahora. La única ausencia que reconocemos es la de no haber producido acabadamente las nuevas formas políticas que ese exceso nos demanda.
  9. La fuerza de ese dispositivo reactivo consiste en poner a todos aquellos que formamos este incipiente “nosotros” (en tanto mantenemos la fidelidad a las luchas comenzadas a mediados de los noventa) frente a la necesidad de pronunciarnos sobre cuestiones que íntima y racionalmente consideramos que nada vital resuelven, que forman el paquete de cuestiones inherentes a las políticas de dominación, pero que hacen nacer en nosotros el sentimiento de quedarnos por fuera de la realidad, en tanto que esa realidad política actúa masivamente envuelta en esos paquetes. Es el incómodo y triste lugar de verse casi obligado a pronunciarse a favor o en contra de medidas y situaciones que prescribe el libreto que rechazamos de cuajo convencidos de que son más de lo mismo. Elecciones, medidas de gobierno, luchas y enfrentamientos que percibimos que no son cuestiones nuevas, que nada resuelven, son temas recurrentes que nos aturden día a día y que nos incomodan y desaniman en tanto parecen arrojarnos al sitio de la esterilidad.
  10. ¿Qué hacer?
    1. Una férrea voluntad de no ceder. Y sobre esto no se puede decir otra cosa.
    2. Poner un mínimo de principios políticos nuevos que sostengan nuestra posición. Eso ya está formulado junto con nuevos desarrollos teóricos concordantes.
    3. Hacer una lectura y caracterización de la actual coyuntura política desde estas nuevas ideas políticas. Aquí también avanzamos: la caracterización de la novedad del Kirchnerismo como una política reactiva y no un “progresismo”, es un ejemplo.
    4. Tener un criterio para justificar una intervención en cuestiones que son planteadas en el interior de las dinámicas de las políticas de dominación. Si bien esto depende de la singularidad de cada situación ¿podemos pensar un criterio más o menos estable?
    5. Enunciar y decidir acerca de nuestros propios puntos. Es lo más difícil.
  11. Veamos el dispositivo cuyo desecamiento vengo anunciando. Tiene un argumento central que se despliega en dos pasos. Primer paso: se puede hacer sólo lo que es posible hacer aquí y ahora, luego, aquí y ahora se debe hacer lo que es posible hacer. Segundo paso: venimos de lo peor y en el horizonte no existe otra cosa que el retorno de lo peor, somos víctimas del mal, luego, en cada momento la única posibilidad que nos queda es elegir el mal menor.
  12. El primer paso sanciona el posibilismo en su tradicional círculo tautológico. Desaparece toda relación de la política con lo imposible. En esta circunstancia por imposible se debe entender todo aquello que queda por fuera de lo que el Estado (que es el que organiza toda política hegemónica) define como políticas posibles. Cualquier forzamiento es condenado. Las ideas en relación con lo imposible, el forzamiento y la ruptura, quedan, para el orden vigente, a un abismo de distancia respecto a la política.
  13. El segundo paso implica borrar en el horizonte del futuro cualquier idea emancipativa. La comunidad queda atrapada entre un pasado de males horrendos y un futuro que constantemente amenaza con la vuelta de esos males intolerables. La memoria de ese pasado toma una dimensión gigantesca a tal punto de anular a cualquier pensamiento político activo e innovador. Más aún, ese horror es considerado muchas veces como una consecuencia natural de los proyectos revolucionarios que se desplegaron el siglo pasado, poniéndolos en la mismo nivel que los fascismos y englobándolos bajo la oscura denominación de “terrorismo”. En esa trampa mortal reina como una verdad plena e indiscutida el principio de evitar lo peor.
  14. Como efecto y al mismo tiempo causa de este dispositivo se produce la captura de la política por el reino de las necesidades, y ese reino se llama esencialmente economía y esa economía es el capitalismo. Ya no se trata de salir del capitalismo sino de ver como nos incluimos, lo administramos, lo mitigamos, nos beneficiamos, lo humanizamos etc. etc., a esa red mundial de explotación.
  15. ¿Qué hacer? En primer lugar partir de la afirmación de que la cuestión de la emancipación de la vida colectiva es una cuestión política, no económica. En segundo lugar, que las instituciones estatales (y el Estado como articulador de la unidad social) no es para nada la llave para los cambios radicales.
  16. La ideología hoy dominante propaga una visión completamente diferente a lo que nosotros planteamos. Ella se empecinan en subordinar la política a la economía (capitalismo) reduciéndola a la administración de ese sistema; ella se empecinan en destacar al Estado como el lugar privilegiado de la política. Sobre esos presupuestos se pueden articular formas dictatoriales o “democráticas” según las circunstancias coyunturales.
  17. Pero el triunfo completo de esta reacción conservadora es que ha sometido a su propio discurso a aquellos que tratan de enfrentar al sistema. La izquierda marxista y sus partidos se integran al sistema democrático, sueñan con dominar al Estado y se proponen destruir a la economía capitalista por otra (supuestamente socialista). El populismo Kirchnerista define a la política como la capacidad del Estado democrático de corregir la brutalidad del sistema mundial capitalista.
  18. Por eso es necesario abrir Otro lugar para una política que se llame emancipatorias e igualitaria. Debe respetar tres decisiones básicas:
    1. La política emancipativa debe ser un pensamiento organizado que no responda a la lógica con la que el capitalismo rige nuestra vida social.
    2. Debe construirse a distancia del Estado.
    3. Que la lucha contra el capitalismo se da cuestionando y desarticulando la estructura política que lo sostiene (democracia representativa o dictaduras) inventando una nueva subjetividad política basada en principios, entre los que no puede faltar, la afirmación de la igualdad de todos los hombres.
  19. Esta invención no es un producto de escritorio ni de armónicas teorías. Es una apuesta materialista que sostiene que otro pensar–hacer político emancipativo es posible. Las cosas que se afirman en este llamado no son teorías, son simplemente un puñado de principios o puntos de partida sobre los cuales edificar una experiencia por venir.
  20. El punto real al que remiten estas ideas es el convencimiento que los acontecimientos del 19/20 de diciembre del 2001, han sido (para nuestro país) un corte que ha dado lugar a una experiencia política nueva por fuera del Estado y sus partidos. La marca política de esa huella es la consigna “Que se vayan todos”. La izquierda tradicional no hizo otra cosa que tratar de vaciar a esa experiencia de todo lo nuevo que portaba para reponer en su lugar un proyecto político agotado y estéril, que no mereció ningún balance crítico. El populismo se autoproclama ser el destacamente de bomberos que vino a apagar ese infierno.
  21. ¿Es posible ser consecuente con ese confuso episodio que no puede ser desligado de las formas políticas nuevas de lucha (piqueteros…etc.) que se dieron en los 90? Construir esa fidelidad es el objeto de este llamado.
  22. La idea es simple: empezar a intercambiar las experiencias que quedaron dispersas, algunas latentes, otras auto alimentándose aisladas, algunas activas, muchas olvidadas…etc. Un verdadero arco iris. El punto de partida también es simple: sostener que la consigna “que se vayan todos” fue una metáfora oblicua en la que late una idea: que se vayan todos los que sostienen esta política estéril que nos esclaviza e inventemos y practiquemos una nueva política para la emancipación de la humanidad.
  23. “No sabía que era imposible, fue y lo hizo”.

Grupo Acontecimiento
Abril de 2014